Un día llegaste para romper una maldición, la maldición de no poder estar con una mujer que tuviera los senos tan grandes como mi ex. Y lo hiciste de manera magistral.
Cuando te fuiste me dejaste otra: la de no hallar una mujer que me hiciera el amor como me lo hacías tú. Me esperan otros 7 años de búsqueda.
Hoy me doy cuenta que tú y ella tiene más en común de lo que pensé:
— Ella dejó una maldición, tú también.
— Ella tenía senos grandes, tú más.
— Ella se fue sin dar una explicación lógica, tú también.
— Y otras cosas que necesito analizar si escribo...
Aquí el problema no es que ella era 36D y tú 40DD, el problema aquí yo que sigo de pendejo. Y los pendejos hacemos pendejadas.